lunes, 11 de mayo de 2015

Introducción: ¿Qué tienen las plantas?




Una de las preguntas que me ha hecho mi amigo es qué diría yo de las plantas para que la gente se interesase en ellas como lo hago yo… es una buena pregunta, porque te lleva a plantearte qué fue lo que te hizo a ti interesarte por las plantas.
La verdad es que gustarme, lo que es gustarme, me han gustado desde pequeña, pero, ¿En qué momento te aficionas a ellas?

Se me ha ocurrido un modo de resumirlo mediante una pequeña historia. No es exactamente mi historia, pero creo que es una buena forma de explicar y resumir esa pregunta tan difícil de contestar... ¿Qué tienen las plantas?


Desde mi punto de vista, las plantas son una de esas cosas que siempre han estado ahí, pero que miramos apenas al pasar sin detenernos a observarlas realmente: porque no tenemos tiempo para eso, porque tenemos otras cosas en la cabeza más urgentes o más importantes, porque nos han enseñado que pararse a observar las plantas no es necesario.

Un día, sin embargo, estás solo, o aburrido, o se da el extraño caso de que no tienes nada más importante ni más urgente en lo que pensar (no hay pendiente ninguna factura, no estás dándole vueltas a ningún examen ni a ninguna reunión importante, no tienes batería suficiente en el móvil para otra partida del Candy Crash), y por la razón que sea sales al patio, a tomar el fresco, y te quedas mirando esa planta que le gustaba tanto a tu abuela, esa a la que de vez en cuando le echas un chorrito de agua así, como sin ganas, y que a veces utilizas para enterrar las colillas cuando no tienes ganas de ir hasta el cubo de la basura… esa que a menudo miras, pero que casi nunca ves realmente.

Ese día, sin embargo, te quedas mirándola y te das cuenta de lo roja que es esa rosa, del tacto tan agradable de sus pétalos y de lo bien que huele… y es como si de repente te dieras cuenta de que la planta está ahí, y piensas que quizá si le prestaras un poco más de atención, le pusieras la tierra que falta en la maceta, sacaras las colillas y los chicles mascados y le echaras un poco de abono, podría dar más flores como esa y el patio se vería más bonito desde la ventana de la cocina… y una mañana en que no tienes nada que hacer te pones y la preparas, y descubres que eso de jugar a los jardineros no está tan mal, y que  hasta hay algo de interesante en ello.

Al poco tiempo, la planta corresponde a tus cuidados con más rosas rojas, y tú, que antes no le dedicabas ni un segundo de tu valioso tiempo, ahora sigues con curiosidad el crecimiento de los capullos, preguntándote cuánto les quedará para abrirse y qué aspecto tendrá cuando hayan abierto, ¿Por qué ahora lo haces y antes no? quizá porque ahora que las has mirado y la has visto realmente, no puedes dejar de darte cuenta de que está ahí, o quizá porque compraste la tierra y el abono y cargaste con el saco por toda la calle, y dedicaste tiempo y esfuerzo a llenarle la maceta, abonarla y regarla más a menudo, porque descubriste que necesitaba más agua.

Esas flores ahora son el fruto de tu esfuerzo, y eso hace que las valores más… y mientras esperas a que abran las observas, y ves cómo los capullos van engordando, cómo se van formando pequeños ramilletes en las puntas de las ramas, y cuando la miras más de cerca te das cuenta de cada rama produce unas pequeñas hojas de color rojo en sus puntas, y que donde están esas hojitas de color rojo es donde se formará el capullo, y aprendes que donde hay hojas rojas probablemente vaya a salir una flor, y cuando vienen las primeras hojas rojas es que vienen las primeras rosas del año… y luego vas observando las rosas y ves las distintas etapas por las que pasa, desde que el capullo empieza a abrir hasta que se deshoja, y un día te das cuenta de que en el sitio donde antes había estado la rosa, algo se está hinchando y está formando una bola que con el tiempo se volverá roja, y te das cuenta de que los rosales producen frutos y esos frutos contienen semillas, y te preguntas qué pasará si siembras una de esas semillas, ¿saldrá otro rosal? ¿Será igual que la madre? ¿Tardará mucho en crecer? ¡Cuántas preguntas para una sóla planta!

Entonces empiezas a buscar información y descubres que la mayoría de los rosales que nos encontramos hoy en día son híbridos, fruto de muchas mezclas que se han ido llevando a cabo entre rosas de distintos colores a lo largo de los años, y que debido a eso, un rosal de semilla seguramente no será idéntico a su “madre”, aunque ella se haya polinizado consigo misma, porque ese rosal también tiene genes de sus antepasados, y seguramente el color y el número de pétalos serán diferentes.

Si sigues buscando, tal vez te dé por entrar en un foro de aficionados o en una página donde vendan rosas, y entonces descubres que existe una cantidad de rosas en el mundo que nunca habías imaginado… prácticamente todos los colores, menos el azul y el negro (aunque hay algunas que pueden pasar por negras bastante bien), y lees que una de las grandes ambiciones de los cultivadores de rosas es conseguir la ansiada rosa azul, pero que de momento nadie las ha conseguido (no, las que se ven a veces en las tiendas son rosas blancas tintadas, no azules de verdad).
Pero lo que sí existe son rosas de los colores, rosas moradas, rosas de todas las tonalidades de rojo, rosa y amarillo que te puedas imaginar, rosas verdes, otras de un extraño tono de rojo que recuerda al chocolate, otras de un rojo tan oscuro que parece negro, rosas mini, trepadoras, de patio, híbridos de té, floribundas, grandifloras…  y eso sólo las rosas.

Porque además descubres que existen muchos tipos de plantas en el mundo, muchas especies, subespecies, cultivares… la flor más rara que se te ocurra seguramente existirá en alguna parte, y piensas que quizá un día la puedas conseguir, pero mientras tanto estaría bien buscarle un poco de compañía a tu rosal para que no se sienta tan solo... y así es como te empiezas a aficionar, y le coges el gusto a eso de buscar por Internet el nombre y los cuidados de tus plantas, a comprar especies diferentes y observar que cada una tiene unas características distintas y que cada una es bonita a su manera, a llenarte las manos de tierra y a regar los semilleros un día tras otro hasta descubrir que asoman las primeras hojitas, a que los vecinos te digan qué bonito tienes el patio y a hacerles fotos para inmortalizar esas flores y acercarles la nariz para descubrir lo bien (¡O lo mal!) que huelen…  en definitiva, cuando te quieres dar cuenta, te has enganchado, y ya no es solamente una afición, sino que es un poquito más que eso.

Ahora, cuando visitas un bosque te das cuenta de que es mucho más que una pila de árboles sin mucho que observar en ellos, e incluso cuando vas por un camino rural te das cuenta de que al borde de ese camino hay amapolas, margaritas, borrajas, y que son rojas, blancas, azules y, cada una a su manera, hermosas, y descubres por qué importa tanto la muerte de unas insignificantes abejas, y en qué cosiste es ese "algo," eso tan bueno y tan necesario que tiene la Naturaleza.

Ese algo que alguna vez formó parte de todos nosotros y que de algún modo siempre has sabido que estaba ahí, pero que nunca te habías parado a observar.

Rosa.

Pd: próximamente, nociones básicas para identificar nuestras plantas... o intentarlo ;)

1 comentario:

  1. Qué buen relato! Creo que es así. Deseo que tus rosas estén felices junto a otras. Saludos

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